Indizada en: Index Medicus Latinoamericano, LILACS.
Editada y publicada por Editores Latinoamericanos de Patología A.C.

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Dr. Juan Rosai (1940-2020)

Periodicidad: continua
Editor: Mario Magaña
Abreviatura: Patologia Rev Latinoam
ISSN: 2395-9581
Indizada en: Index Medicus Latinoamericano, LILACS.

 

Dr. Juan Rosai (1940-2020)

Patología


Miguel Reyes-Múgica

Marjory K. Harmer Endowed Chair in Pediatric Pathology.
Chief of Pathology and Head of Laboratories.
UPMC Children’s Hospital of Pittsburgh
Professor of Pathology, University of Pittsburgh School of Medicine.
President, International Paediatric Pathology Association (IPPA).


Recibido: julio 2020
Aceptado: julio 2020

Corrrespondencia:

Miguel Reyes Múgica
miguel.reyes@chp.edu

Este artículo debe citarse como:

Reyes-Múgica M. Dr. Juan Rosai (1940-2020). Patología Rev Latinoam 2020; 58:1-4.

Este es un tributo personal a la memoria del Dr. Juan Rosai, fallecido el 7 de julio de 2020.   

 

Conocí el nombre del Dr. Juan Rosai alrededor de 1978, cuando siendo yo estudiante en la Facultad de Medicina de la UNAM, descubría con asombro libros en los que aparecía un universo alternativo y donde se podía estudiar Patología, que parafraseando a Ruy Pérez Tamayo es “El estudio de la vida en condiciones anormales”. Por ese entonces, la Anatomía Patológica había recientemente dado a luz a su nueva hija, la Patología Quirúrgica, que comenzaba a crecer vigorosamente, impulsada por patólogos académicos de enorme estatura, y muy especialmente por el Dr. Lauren V. Ackerman (1905-1993), en el Barnes Hospital en la Washington University en San Luis, Missouri. Cuando inicié mi residencia en Patología en el año 1983, la fuente más importante, de las pocas que había para estudiar patología quirúrgica, era la cuarta edición del libro “Surgical Pathology”, editado conjuntamente por Ackerman y Rosai. Esa edición fue la transición de la obra, que paso de ser editada sólo por Ackerman, a incorporar a Juan Rosai como coautor del primero, y en ediciones posteriores, su único autor (con la inclusión de ocasionales coautores en capítulos selectos) por 6 ediciones más.

Conocí personalmente al Dr. Rosai cuando en 1983, ya siendo yo residente de Patología, el Dr. Héctor Abelardo Rodríguez Martínez, otro importante alumno de Ackerman, invitó a su admirado excompañero, a dar una conferencia en la recientemente inaugurada aula “Ruy Pérez-Tamayo”, de la Unidad de Patología en el Hospital General de México.  El título original de la conferencia, según el propio Rosai comentó cuando inició su charla, iba a ser “Mis Veinte más Grandes Errores en Patología Quirúrgica”, y sólo ese título se grabó en mi memoria.  No recuerdo por qué el Dr. Rosai cambió tan atractivo e interesante nombre para su sesión… No creo que le haya pasado lo mismo que a José Saramago con su primera novela, publicada a los 25 años de edad y que él quiso titular “A Viuva” (La Viuda), pero que se transformó en “Terra do Pecado” por decisión de la casa editorial.  En su charla, el Dr. Rosai desplegó una impresionante habilidad para entender los problemas diagnósticos, para enseñarlos y para entusiasmar a su audiencia en la difícil especialidad de diagnosticar enfermedades bajo el microscopio, Guiding the Surgeon’s Hand. (1)  En esa época, Rosai ya era considerado como uno de los mejores patólogos quirúrgicos del mundo, y un par de años más tarde, se convertiría en Jefe de Patología Anatómica en el prestigioso Departamento de Patología de la Yale University, en New Haven, Connecticut.  Era imposible para mi saber entonces, que pocos años más tarde, yo tendría la suerte de llegar a ese mismo departamento en Yale, y que eso me haría reencontrar al Dr. Rosai, aunque para entonces, él ya había aceptado ser el Jefe de Patología en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en Nueva York.  Antes de mi llegada a Yale, durante una sesión de la Latin American Pathology Foundation en un congreso de la USCAP, pude presenciar otra conferencia del Dr. Rosai, que habiendo pasado una estancia sabática en Italia, habló sobre la patología de la familia Medici. La sesión fue tan magnífica como Lorenzo, y todos aprendimos de la espondilitis anquilosante que los Medici sufrían, admirando las múltiples esculturas y pinturas a que el patrocinio de los famosos banqueros florentinos dio lugar.

La proyección del Dr. Rosai (quien años después me pidió dirigirme a él como Juan y tutearlo) en la patología mundial ascendió como un fulgurante y deslumbrador astro. No sólo su libro “Ackerman and Rosai’s Surgical Pathology” seguía siendo el centro de la atención mundial en la especialidad, sino que aparecían de su pluma, múltiples descripciones originales de enfermedades que se incorporaron a la jerga cotidiana de los diagnósticos morfológicos finos, precisos y nuevos. La “Sinus Histiocytosis With Massive Lymphadenopathy…2 pronto se convirtió en la “Rosai-Dorfman disease”.  Igualmente, la descripción inicial por parte de William Gerald y Juan Rosai, ambos trabajando en Yale, del “Desmoplastic Small Cell Tumor With Divergent Differentiation”,3 aparecida en la revista  Pediatric Pathology, que posteriormente evolucionaría a Pediatric and Developmental Pathology, y de la cual yo fui Editor-in-Chief entre 2001 y 2016, pronto se confirmó como una nueva variante de tumor, frequente en niños y adultos jóvenes, de comportamiento agresivo y que tanto morfológicamente, como desde el punto de vista de sus características citogenéticas, parecería corresponder a un hijo bastardo del ilegítimo matrimonio entre el sarcoma de Ewing y el tumor de Wilms.

Relataré otro ejemplo, del que me tocó ser participante directo y que me permitió apreciar, una vez más, las dotes observacionales, diagnósticas y científicas de Juan.  En 1997 llegó a mis manos el caso de una chica de 15 años con historia de obstrucción intestinal por tumor.  La paciente había sobrevivido una leucemia linfoblástica varios años antes.  La lesión fue inicialmente interpretada por otro patólogo, que cubría temporalmente mi servicio mientras yo asistía a un congreso en México, como recurrencia de proliferación linfoide. Pero a mi me pareció otra cosa. Tenía yo, en aquella época, la fortuna de compartir el área de patología quirúrgica en Yale, con Maria Luisa Carcangiu, esposa de Juan.  Y con frecuencia, ante casos difíciles, Maria Luisa llamaba a su esposo (decía: “Let’s call Rosai”) y le describía lo que veíamos en el microscópio, obteniendo de él una lista corta de diagnósticos diferenciales y las referencias más recientes y relevantes.  En el caso de la paciente en cuestión, debido a la extraordinaria dificultad del caso, decidí enviarle a Juan las láminas histológicas e historia clínica.  Un par de días después, recibí su llamada.  Inusualmente, no me dio un diagnóstico preciso, pero me dijo (en castellano) “Difícil… me parece alguna variante maligna de GIST, pero tiene muchas células multinucleadas… No sé a ciencia cierta lo que es…”.  Le agradecí su ayuda y me dispuse, entre sorprendido y entusiasmado por enfrentarme a algo desconocido aún para Juan, a seguir estudiando el caso.  Minutos después, recibí el resultado del análisis citogenético que mostraba un cariotipo 46XX t(I2;22)(qI3;q12), y que sugería un “sarcoma de células claras”.  Me apresuré a llamar a Juan, quien inmediatamente respondió: “¡Claro! Tiene mucho sentido…Tenemos que publicar esto. Estoy seguro de haber visto otros dos casos con características morfológicas similares”.  El resultado fue un artículo original con 6 casos que compartían características morfológicas y que llamamos “An osteoclast-rich tumor of the gastrointestinal tract with features resembling clear cell sarcoma of soft parts: reports of 6 cases of a GIST simulator”.4  Aunque Juan me pidió cambiar el orden de los autores y colocarme como primer autor, dejé en ese lugar a mi entonces residente, Eduardo Zambrano, a quien había yo pedido que trabajara en el proyecto, y que preparó las primeras versiones del manuscrito.  Ese artículo dio pie a lo que ahora la serie de Clasificación de tumores de la WHO (blue books) reconoce como Gastrointestinal clear cell sarcoma (CCS) / malignant gastrointestinal neuroectodermal tumour (GNET).5

El Dr. Rosai mostraba una personalidad directa pero afable.  Su conversación estaba salpicada levemente con una ironía no hiriente sino elegante (la dosis justa), y su conocimiento en medicina y patología era tan enciclopédico, que escucharlo hablar era una experiencia de aprendizaje intensa y valiosa.  Pero el Juan Rosai social, era también muy divertido.  En ocasión de una parrillada argentina en su casa en Milford, Connecticut, debatimos entre varios invitados la naturaleza de lo que estábamos asando para comer.  Juan había comprado “sweetbread” en Queens, NY, y entre él y yo no logramos diagnosticar con certeza si en el asador teníamos páncreas o timo… Así que me llevé un pequeño fragmento al laboratorio en Yale, lo incluí en parafina y lo corté.  ¡Era páncreas!

En otra ocasión, con motivo de una invitación que le hice al Dr. Francisco González-Crussí para dar un Grand Rounds en Yale, organicé, con la ayuda de mi finada esposa, Mayra Alvarez-Franco, una cena en nuestra casa a la que acudieron González-Crussí, José Costa, que era Jefe de Anatomía Patológica en Yale, también alumno de Ackerman y excompañero de Juan, y su esposa Hana.  Estuvieron también Maria Luisa Carcangiu y Juan Rosai. Por la mañana del día en que cenamos, Juan me llamó para preguntarme si podía llevar a la cena a un colega que se encontraba visitándolo en Nueva York desde Italia.  Desde luego acepté y la velada transcurrió en tres idiomas, comiendo comida mexicana y hablando de libros. Esa fue ciertamente una reunión inolvidable.  El propio Francisco González-Crussí, al enterarse de la muerte de nuestro común amigo, comentó: “…Una vez lo llamé ‘el mejor patólogo quirúrgico de nuestro tiempo’ y creo que con razón” (comunicación personal).

La muerte de Juan, precedida recientemente por la de Javier Arias-Stella, nos indica que es tiempo de pensar en iniciar un segundo volumen de la “Historia de Diez Gigantes”.6 Juan fue un gigante entre gigantes.  Un distinguido Patólogo, auténticamente Latino-Americano, que nos hace orgullosos a todos. Su legado impacta a toda nuestra profesión de manera central y profunda.  Morfólogo nato, no se detuvo al investigar, profundizando para conocer qué había detrás de sus observaciones visuales. No se limitó a darle nombre a las cosas, sino que pugnó por entenderlas. Sigamos pues su ejemplo, honrándolo como modelo a seguir.

REFERENCIAS

  1. Rosai J. Guiding the Surgeon’s Hand. Washington, D.C.: The American Registry of Pathology. Armed Forces Institute of Pathology.; 1997.
  2. Rosai J, Dorfman RF. Sinus histiocytosis with massive lymphadenopathy. A newly recognized benign clinicopathological entity. Arch Pathol. 1969;87(1):63-70.
  3. Gerald WL, Rosai J. Case 2. Desmoplastic small cell tumor with divergent differentiation. Pediatr Pathol. 1989;9(2):177-83.
  4. Zambrano E, Reyes-Mugica M, Franchi A, Rosai J. An osteoclast-rich tumor of the gastrointestinal tract with features resembling clear cell sarcoma of soft parts: reports of 6 cases of a GIST simulator. Int J Surg Pathol. 2003;11(2):75-81.
  5. Lazar AJ, Miettinen M, Tsui W, Sciot R. Mesenchymal tumours of the digestive system. Mesenchymal tumours. Tumours of uncertain differentiation. Gastrointestinal clear cell sarcoma / malignant gastrointestinal neuroectodermal tumour. 2019. In: WHO Classification of Tumours Online Digestive System Tumours (5th Ed) [Internet]. Lyon, France: International Agency for Research on Cancer.
  6. Perez Tamayo R. Historia de Diez Gigantes: El Colegio Nacional; 1991.

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